Las actividades relacionadas con las pasadas celebraciones del V Centenario del Descubirmiento y Evangelización de América que se realizaron en la Catedral Priamda y sus entornos tiene un interés especial para los que formamos parte de la comunidad parroquial de la Catedral.

Vivimos en carne propia las ventajas y desventajas de estar asociados con este monumento, y los desafíos de orar en un sitio donde personas ajenas a la comunidad trabajan en la restauración, excavación y otras obras, perturbando a veces nuestro clima espiritual. También nuestro lugar de culto está a veces amenazado de ocupación por personas que suelen utilizar esta forma de protesta para lograr sus fines, igual que por la penetración de grupos extranjeros ajenos a nuestra cultura e inadecuadamente vestidos para visitar un templo.

No podemos ignorar el factor turismo, pero, parece absurdo que en este caso, la llamada industria sin chimeneas, puede convertirse en un instrumento destructor del patrimonio cultural cuya preservación es un "sine qua non" de su propia existencia.

Las enormes guaguas de turismo estacionadas por horas y sin apagar sus motores, siguen tirando al aire tóxicos peligrosos para la vida en todas sus formas y que se posan directamente sobre los monumentos aprovechando la humedad, e incorporados en las nubes caen sobre estos monumentos en forma de lluvia ácida. Medida en término de valores pH, la acidez se ha determinado en varios años entre el más ácido de 3.5 hasta el menos ácido, pero también destructivo, de casi 4. % registrado en las últimas lluvias (Datos de 1991).

Existe evidencia bien clara de deterioro de las piedras de los monumentos coloniales dentro del período cuando se intensificó en los últimos años el tránsito vehicular en la Ciudad Colonial.

También en los monumentos coloniales se ven estéticamente afectados por manchas que en parte están construídas por estos tóxicos.

Si reflexionamos un poco sobre el cuento de Rubén Suro titulado "El puñal llamado monóxido" o en los versos de "Muerte nuestra que estás en la tierra", del poeta ecológico Enriquillo Rojas Abreu nos percatamos que la contaminación no es un invento de los literarios.

Está presente entre nosotros, y hace su labor destructora con perjuicio no sólo de los monumentos sino también de las personas que aquí viven y trabajan, y de la flora y la fauna de la Ciudad Colonial, tan atractiva para los turistas que por primera vez enfrentan la exuberancia y el sol del trópico.

Hemos señalado anteriormente este peligro de contaminación en un trabajo presentado en el Cabildo y hemos propuesto como remedio el desvío del tránsito vehicular, especialmente del pesado, para mejorar las condiciones por lo menos en los entornos de la Catedral. Todavía en 1987 esperamos la implementación de los reglamentos emitidos como resultado de la evidencia presentada en el 1985.

Con la realización de este plan de tránsito diminuirían también la vibraciones y peligros, que indudablemente tiene su efecto sobre la integridad de los monumentos, también se evitarían pérdidas de vidas humanas y de animales en las calles cercanas a la Catedral, como la que hemos registrado.

En el plan de Integral de Saneamiento Ambiental elaborado por la Comunidad de la Parroquia Catedral el 15 de julio de 1987 hemos puesto énfasis en la proteccipon ambiental de la Ciudad Colonial señalando la necesidad de control de la contaminación del aire por las emisiones de vehículos de motor, como también la necesidad de control de los ruidos incompatibles con la dignidad de la zona colonial. Se ha reportado en la prensa (ejemplo: Otro ambiente en peligro, por Sophie Jakowska. El Nuevo Diario, septiembre 29, 1984), varias actividades con un cierto carácter cultural que están en conflicto con lo que deseamos en las cercanías de la Catedral. Sin embargo, hay otras, celebradas en el Parque Colón, que crean un ambiente de regocijo y esparcimiento sanos y espiritualmente estimulantes que apoyamos de corazón. Pero al mismo tiempo nos preocupan ciertas otras "actividades" lucrativas de carácter dudoso que aparecen en este sectosr urbano y que nos obligan en defensa propia a mantener una "vigilancia educativa para el rescate moral" de nuestro ambiente.

Mientras que muchos expresamos la preocupación por el deterioro físico, socio-cultural y espiritual del ambiente, también estamos dispuestos a defendernos.

Reconocemos, sin embargo, la gran responsabilidad de los que habitan o utilizan para su trabajo edificios históricos, coloniales o republicanos. Hay que estar culturalmente preparados para respetar la integridad de estos edificios y contar con los medios y con la iniciativa para prevenir su deterioro. Recordamos que muchas casas coloniales anteriormente bien cuidadas quedaron arruinadas porque en el 1965 fueron abandonadas y estuvieron eventualmente ilegales y pusieron en peligro la estructura misma de los edificios que sobrevivieron casi cinco siglos.

No podemos olvidar el derrumbe de la casa en la calle Mercedes entre la Arzobispo Meriño y la Isabel la Católica donde perdieron la vida varias personas, salvándose por milagro un miembro de nuestra comunidad parroquial.

Cuando se elimina el espacio habitacional por derrumbe o por desalojos en prevención de tales accidentes, la comunidad pierde muchas personas que contribuían a su desarrollo y que deben ser reubicadas lejos de su ambiente. Nos preocupa que las transformaciones positivas desafortunadamente disminuyen el numero de familias trabajadoras, con sus talleres o puestos de negocio combinados con las viviendas, y que tienden a favorecer otro tipo de negocios, no siempre beneficiosos para la salubirdad física y moral. En los últimos meses solamente, y sin relación a la obra que realizan las autoridades, hemos visto la situación de casas de familias por "gift shops" y otras empresas como agencias de viajes en una cuadra cercana a la Catedral.

La conversión de edificios históricos de la Ciudad Colonial en oficinas o instituciones gubernamentales para salvarlos de la destrucción es muy importante, peor también algunos edificios deben seguir un patrón tradicional sirviendo de viviendas familiares para evitar "desertificación" de esta zona urbana.

Al mismo tiempo abogamos por un mayor control de uso que se da a los edificios históricos tanto públicos como privados para que no alberguen empresas de tipo industrial o pequeñas "factorías, o sirvan de almacenes para sustancias tóxicas, inflamables y potencialmente peligrosas.

Pero lo que más preocupa a nivel individual y comunitario es la falta de viviendas para varios niveles económicos de los que integramos la Parroquia Catedral: Las Hermanas, El Sacritán y sus ayudantes, Las Catequistas, los miembros del Coro Juvenil, y otras personas que conforman las comunidades dedicadas a obras de bien o los que reciben los beneficios de su acción social. Muchas de estas personas, y otro que hemos identificado, se ven obligados a vivir lejos de aquí pese a que consideran la Catedral como su centro espiritual y el núcleo de actividad pastoral.

Queremos ser parte de esta renovación del ambiente histórico de la Catedral, colaborar en la mejoría de la calidad de vida para todos, y ofrecer verdadera hospitalidad a los que nos visitan. Estamos laborando en esto a nivel individual y comunitario desde 1983 cuando se celebró en el Convento de los Dominicos un curso sobre Animación Socio-Cultural para la Formación de Actividades Comunitarias, patrocinado por la Oficina de desarrollo de la comunidad y la Comisión Rectoral de la Zona Colonial de Santo Domingo.

Nuestro ambiente necesita moradores con una vocación de servicio para alcanzar una trasnforamción urbana en armonía con el pasado y con la naturaleza. El propósito de la educación ambiental integral de los que viven y trabajan en los entornos de la Catedral se lograría solo con el reconocimiento de los valores sin igual de nuestros monumentos y de los componentes bióticos de nuestro habitat.

Las ciudades históricas están en peligro cuando sus visitantes, moradores y usuarios ignoran su verdadero valor, se preocupan exclusivamente por el lucro y miran una propiedad histórica solo en forma utilitaria. La preservación del patrimonio natural y cultural requiere un cierto nivel de entendiemiento y de concientización que se puede desarrollar entre personas de distintas condiciones socio-económicas y culturales con un buen esfuerzo comunitario correctamente dirigido.

Nuestra comunidad parroquial está totalmente comprometida con la integración de todos sus miembros en todo lo que favorezca el éxito de la Obra Catedral y el saneamiento del entorno de nuestro templo con la esperanza que con un plan de asetamiento parroquial apoyado por las autoridades podremos fortalecernos como comunidad y desarrollar actividades en favor de toda la Ciudad Colonial como nuestra humilde contribución.

Por: Sophie Jakowska
Periodico El Camino