Educación
social católica
226. Pero
una doctrina social no debe ser materia de mera exposición.
Ha de ser, además, objeto de aplicación práctica.
Esta norma tiene validez sobre todo cuando se trata de la doctrina
social de la Iglesia, cuya luz es la verdad, cuyo fin es la justicia
y cuyo impulso primordial es el amor.
227. Es,
por tanto, de suma importancia que nuestros hijos, además
de instruirse en la doctrina social, se eduquen sobre todo
para practicarla.
228. La educación cristiana, para que pueda calificarse
de completa, ha de extenderse a toda clase de deberes. Por consiguiente,
es necesario que los cristianos, movidos por ella, ajusten también
a la doctrina de la Iglesia sus actividades de carácter
económico y social.
229. El paso
de la teoría a la práctica resulta
siempre difícil por naturaleza; pero la dificultad sube
de punto cuando se trata de poner en práctica una doctrina
social como la de la Iglesia católica. Y esto principalmente
por varias razones: primera, por el desordenado amor propio que
anida profundamente en el hombre; segunda, por el materialismo
que actualmente se infiltra en gran escala en la sociedad moderna,
y tercera, por la dificultad de determinar a veces las exigencias
de la justicia en cada caso concreto.
230. Por
ello no basta que la educación cristiana, en
armonía con la doctrina de la Iglesia, enseñe al
hombre la obligación que le incumbe de actuar cristianamente
en el campo económico y social, sino que, al mismo tiempo,
debe enseñarle la manera práctica de cumplir convenientemente
esta obligación.