Estructuras
económicas
Deben ajustarse a la dignidad del hombre
82. Los deberes de la justicia han de respetarse
no solamente en la distribución de los bienes que el trabajo produce,
sino también en cuanto afecta a las condiciones generales
en que se desenvuelve la actividad laboral.
Porque en la naturaleza humana está arraigada la exigencia de que, en
el ejercicio de la actividad económica, le sea posible al hombre sumir
la responsabilidad de lo que hace y perfeccionarse a sí mismo.
83. De donde se sigue que si el funcionamiento
y las estructuras económicas de un sistema productivo ponen en peligro la
dignidad humana del trabajador, o debilitan su sentido de responsabilidad,
o le impiden la libre expresión de su iniciativa propia,
hay que afirmar que este orden económico es injusto, aun
en el caso de que, por hipótesis, la riqueza producida
en él alcance un alto nivel y se distribuya según
criterios de justicia y equidad.
84. No es posible definir de manera genérica en materia
económica las estructuras más acordes con la dignidad
del hombre y más idóneas para estimular en el trabajador
el sentido de su responsabilidad. Esto no obstante, nuestro predecesor,
de feliz memoria, Pío XII trazó con acierto tales
normas prácticas: «La pequeña y la mediana
propiedad en la agricultura, en el artesanado, en el comercio
y en la industria deben protegerse y fomentarse; las uniones
cooperativas han de asegurar a estas formas de propiedad las
ventajas de la gran empresa; y por lo que a las grandes empresas
se refiere, ha de lograrse que el contrato de trabajo se suavice
con algunos elementos del contrato de sociedad» (Radiomensaje
del 1 de sept. de 1944; cf Acta Apostolicae Sedis 36 81944) p.
254).
La empresa artesana y la empresa cooperativa
85. Deben, pues, asegurarse y promoverse, de acuerdo con las exigencias del
bien común y las posibilidades del progreso técnico, las empresas
artesanas, y las agrícolas de dimensión familiar, y las cooperativas,
las cuales pueden servir también para completar y perfeccionar las
anteriores.
86. Más adelante hablaremos de la empresa agrícola.
Aquí creemos oportuno hacer algunas indicaciones sobre
la empresa artesana y la empresa cooperativa.
87. Ante todo, hay que advertir que ambas empresas,
si quieren alcanzar una situación económica próspera,
han de ajustarse incesantemente, en su estructura, funcionamiento
y métodos de producción, a las nuevas situaciones
que el progreso de las ciencias y de la técnica y las
mudables necesidades y preferencias de los consumidores plantean
conjuntamente: acción de ajuste que principalmente han
de realizar los propios artesanos y los miembros de las cooperativas.
88. De aquí la gran conveniencia de dar a unos y otros
formación idónea, tanto en el aspecto puramente
técnico como en el cultural, y de que ellos mismos se
agrupen en organización de tipo profesional. Es asimismo
indispensable que por parte del Estado se lleve a cabo una adecuada
política económica en los capítulos referentes
a la enseñanza, la imposición fiscal, el crédito,
la seguridad y los seguros sociales.
89. Por lo demás, esta acción del Estado en favor
del artesanado y del movimiento cooperativo halla también
su justificación en el hecho de que estas categorías
laborales son creadoras de auténticos bienes y contribuyen
eficazmente al progreso de la cultura.
90. Invitamos, por ello, con paternal amor a
nuestros queridísimos
hijos del artesanado y del cooperativismo, esparcidos por todo
el mundo, a que sientan claramente la nobilísima función
social que se les ha confiado en la sociedad, ya que con su trabajo
pueden despertar cada día más en todas las clases
sociales el sentido de la responsabilidad y el espíritu
de activa colaboración y encender en todos el entusiasmo
por la originalidad, la elegancia y la perfección del
trabajo.
Presencia activa de los trabajadores en las empresas grandes
y medianas
91. Además, siguiendo en esto la dirección trazada
por nuestros predecesores, Nos estamos convencido de la razón
que asiste a los trabajadores en la vida de las empresas donde
trabajan. No es posible fijar con normas ciertas y definidas
las características de esta participación, dado
que han de establecerse, más bien, teniendo en cuanta
la situación de cada empresa; situación que varía
de unas a otras y que, aun dentro de cada una, está sujeta
muchas veces a cambios radicales y rapidísimos.
No dudamos, sin embargo, en afirmar que a los trabajadores hay que darles una
participación activa en los asuntos de la empresa donde trabajan,
tanto en las privadas como en las públicas; participación que,
en todo caso, debe tender a que la empresa sea una auténtica comunidad
humana, cuya influencia bienhechora se deje sentir en las relaciones de todos
sus miembros y en la variada gama de sus funciones y obligaciones.
92. Esto exige que las relaciones mutuas entre
empresarios y dirigentes, por una parte, y los trabajadores
por otra, lleven
el sello del respeto mutuo, de la estima, de la comprensión
y, además, de la leal y activa colaboración e interés
de todos en la obra común; y que el trabajo, además
de ser concebido como fuente de ingresos personales, lo realicen
también todos los miembros de la empresa como cumplimiento
de un deber y prestación de un servicio para la utilidad
general.
Todo ello implica la conveniencia de que los obreros puedan hacer oír
su voz y aporten su colaboración para el eficiente funcionamiento y
desarrollo de la empresa. Observaba nuestro predecesor, de feliz memoria, Pío
XII que «la función económica y social que todo hombre
aspira a cumplir exige que no esté sometido totalmente a una voluntad
ajena el despliegue de la iniciativa individual» (Alocución del
8 de oct. de 1956; cf Acta Apostolicae Sedis 48 (1956) p. 799-800).
Una concepción de la empresa que quiere salvaguardar la dignidad humana
debe, sin duda alguna, garantizar la necesaria unidad de una dirección
eficiente; pero de aquí no se sigue que pueda reducir a sus colaboradores
diarios a la condición de meros ejecutores silenciosos, sin posibilidad
alguna de hacer valer su experiencia, y enteramente pasivos en cuanto afecta
a las decisiones que contratan y regulan su trabajo.
93. Hay que hacer notar, por último, que el ejercicio
de esta responsabilidad creciente por parte de los trabajadores
en las empresas no solamente responde a las legítimas
exigencias propias de la naturaleza humana, sino que está de
perfecto acuerdo con el desarrollo económico, social y
político de la época contemporánea.
94. Aunque son grandes los desequilibrios económicos
y sociales que en la época moderna contradicen a la justicia
y a la humanidad, y profundos errores se deslizan en toda la
economía, perturbando gravemente sus actividades, fines,
estructura y funcionamiento, es innegable, sin embargo, que los
modernos sistemas de producción, impulsados por el progreso
científico y técnico han avanzado extraordinariamente
y su ritmo de crecimiento es mucho más rápido que
en épocas anteriores.
Esto exige de los trabajadores una aptitud y unas cualidades profesionales
más elevadas. Como consecuencia, es necesario poner a su disposición
mayores medios y más amplios márgenes de tiempo para que puedan
alcanzar una instrucción más perfecta y una cultura religiosa,
moral y profana más adecuada.
95. Se hace así también posible un aumento de
los años destinados a la instrucción básica
y a la formación profesional de las nuevas generaciones.
96. Con la implantación de estas medidas se irá creando
un ambiente que permitirá a los trabajadores tomar sobre
sí las mayores responsabilidades aun dentro de sus empresas.
Por lo que al Estado toca, es de sumo interés que los
ciudadanos, en todos los sectores de la convivencia, se sientan
responsables de la defensa del bien común.
Presencia activa de los trabajadores en todos los niveles
97. Es una realidad evidente que, en nuestra época, las
asociaciones de trabajadores han adquirido un amplio desarrollo,
y, generalmente han sido reconocidas como instituciones jurídicas
en los diversos países e incluso en el plano internacional.
Su finalidad no es ya la de movilizar al trabajador para la lucha
de clases, sino la de estimular más bien la colaboración,
lo cual se verifica principalmente por medio de acuerdos establecidos
entre las asociaciones de trabajadores y de empresarios.
Hay que advertir, además, que es necesario, o al manos muy conveniente,
que a los trabajadores se les dé la posibilidad de expresar su parecer
e interponer su influencia fuera del ámbito de su empresa, y concretamente
en todos los órdenes de la comunidad política.
98. La razón de esta presencia obedece a que las empresas
particulares, aunque sobresalgan en el país por sus dimensiones,
eficiencia e importancia, están, sin embargo, estrechamente
vinculadas a la situación general económica y social
de cada nación, ya que de esta situación depende
su propia prosperidad.
99. Ahora bien, ordenar las disposiciones que
más favorezcan
la situación general de la economía no es asunto
de las empresas particulares, sino función propia de los
gobernantes del Estado y de aquellas instituciones que, operando
en un plano nacional o supranacional, actúan en los diversos
sectores de la economía.
De aquí se sigue la conveniencia o la necesidad de que en tales autoridades
e instituciones, además de los empresarios o de quienes les representan,
se hallen presentes también los trabajadores o quienes por virtud de
su cargo defienden los derechos, las necesidades y las aspiraciones de los
mismos.
100. Es natural, por tanto, que nuestro pensamiento y nuestro paterno afecto
se dirijan de modo principal a las asociaciones que abarcan profesiones diversas
y a los movimientos sindicales que, de acuerdo con los principios de la doctrina
cristiana, están trabajando en casi todos los continentes del mundo.
Conocemos las muchas y graves dificultades en medio de las cuales estos queridos
hijos nuestros han procurado con eficacia y siguen procurando con energía
la reivindicación de los derecho del trabajador, así como su
elevación material y moral, tanto en el ámbito nacional como
en el plano mundial.
101. Pero, además, queremos tributar a la labor de estos
hijos nuestros la alabanza que merece, porque no se limita a
los resultados inmediatos y visibles que obtiene, sino que repercute
también en todo el inmenso mundo del trabajo humano, con
la propagación general de un recto modo de obrar y de
pensar y con el aliento vivificador de la religión cristiana.
102. Idéntica alabanza paternal queremos rendir asimismo
a aquellos de nuestros amados hijos que, imbuidos en las enseñanzas
cristianas, prestan un admirable concurso en otras asociaciones
profesionales y movimientos sindicales que siguen las leyes de
la naturaleza y respetan la libertad personal en materia de religión
y moral.
103. No podemos dejar de felicitar aquí y de manifestar
nuestro cordial aprecio por la Organización Internacional
del Trabajo —conocida comúnmente con las siglas
O.L.L., I.L.O u O.I.T.—, la cual, desde hace ya muchos
años, viene prestando eficaz y valiosa contribución
para instaurar en todo el mundo un orden económico y social
inspirado en los principios de justicia y de humanidad, dentro
del cualencuentran reconocimiento y garantía los legítimos
derechos de los trabajadores.