II.
Puntualización
y desarrollo de las enseñanzas sociales
de los Pontífices anteriores
Iniciativa
privada e intervención de los poderes públicos
en el campo económico
51. Como tesis inicial, hay que establecer que la economía debe ser
obra, ante todo, de la iniciativa privada de los individuos, ya actúen éstos
por sí solos, ya se asocien entre sí de múltiples maneras
para procurar sus intereses comunes.
52. Sin embargo,
por las razones que ya adujeron nuestros predecesores, es necesaria
también la presencia activa del poder civil
en esta materia, a fin de garantizar, como es debido, una producción
creciente que promueva el progreso social y redunde en beneficio
de todos los ciudadanos.
53. Esta
acción del Estado, que fomenta, estimula, ordena,
suple y completa, está fundamentada en el principio de
la función subsidiaria (cf. Acta Apostolicae Sedis 23
(1931) p. 203), formulado por Pío XI en la encíclica
Quadragesimo anno: «Sigue en pie en la filosofía
social un gravísimo principio, inamovible e inmutable:
así como no es lícito quitar a los individuos y
traspasar a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su
propio esfuerzo e iniciativa, así tampoco es justo, porque
daña y perturba gravemente el recto orden social, quitar
a las comunidades menores e inferiores lo que ellas pueden realizar
y ofrecer por sí mismas, y atribuirlo a una comunidad
mayor y más elevada, ya que toda acción de la sociedad,
en virtud de su propia naturaleza, debe prestar ayuda a los miembros
del cuerpo social, pero nunca destruirlos ni absorberlos» (Ibíd.,
p. 203).
54. Fácil es comprobar, ciertamente, hasta qué punto
los actuales progresos científicos y los avances de las
técnicas de producción ofrecen hoy día al
poder público mayores posibilidades concretas para reducir
el desnivel entre los diversos sectores de la producción,
entre las distintas zonas de un mismo país y entre las
diferentes naciones en el plano mundial; para frenar, dentro
de ciertos límites, las perturbaciones que suelen surgir
en el incierto curso de la economía y para remediar, en
fin, con eficacia los fenómenos del paro masivo.
Por todo lo cual, a los gobernantes, cuya misión es garantizar el bien
común, se les pide con insistencia que ejerzan en el campo económico
una acción multiforme mucho más amplia y más ordenada
que antes y ajusten de modo adecuado a este propósito las instituciones,
los cargos públicos, los medios y los métodos de actuación.
55. Pero
manténgase siempre a salvo el principio de que
la intervención de las autoridades públicas en
el campo económico, por dilatada y profunda que sea, no
sólo no debe coartar la libre iniciativa de los particulares,
sino que, por el contrario, ha de garantizar la expansión
de esa libre iniciativa, salvaguardando, sin embargo, incólumes
los derechos esenciales de la persona humana.
Entre éstos hay que incluir el derecho y la obligación que a
cada persona corresponde de ser normalmente el primer responsable de su propia
manutención y de la de su familia, lo cual implica que los sistemas
económicos permitan y faciliten a cada ciudadano el libre y provechoso
ejercicio de las actividades de producción.
56. Por lo
demás, la misma evolución histórica
pone de relieve, cada vez con mayor claridad, que es imposible
una convivencia fecunda y bien ordenada sin la colaboración,
en el campo económico, de los particulares y de los poderes
públicos, colaboración que debe prestarse con un
esfuerzo común y concorde, y en la cual ambas partes han
de ajustar ese esfuerzo a las exigencias del bien común
en armonía con los cambios que el tiempo y las costumbres
imponen.
57. La experiencia
diaria, prueba, en efecto, que cuando falta la actividad de
la iniciativa
particular surge
la tiranía
política. No sólo esto. Se produce, además,
un estancamiento general en determinados campos de la economía,
echándose de menos, en consecuencia, muchos bienes de
consumo y múltiples servicios que se refieren no sólo
a las necesidades materiales, sino también, y principalmente,
a las exigencias del espíritu; bienes y servicios cuya
obtención ejercita y estimula de modo extraordinario la
capacidad creadora del individuo.
58. Pero
cuando en la economía falta totalmente, o es
defectuosa, la debida intervención del Estado, los pueblos
caen inmediatamente en desórdenes irreparables y surgen
al punto los abusos del débil por parte del fuerte moralmente
despreocupado. Raza esta de hombres que, por desgracia, arraiga
en todas las tierras y en todos los tiempos, como la cizaña
entre el trigo.