Es necesaria
una mayor eficacia en las actividades temporales
257. Cuando las actividades e instituciones
humanas de la vida presente coadyuvan también el provecho espiritual y a la
bienaventuranza eterna del hombre, es necesario reconocer que se
desarrollan con mayor eficacia para la consecución de los
fines a que tienden inmediatamente por su propia naturaleza. La
luminosa palabra del divino Maestro tiene un valor permanente: «Buscad,
pues, primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás
se os dará por añadidura» (Mt 6,33). Porque,
quien ha sido hecho como luz en el Señor (Ef 5, 8), y camina
cual hijo de la luz (Ibíd.), capta con juicio más
certero las exigencias de la justicia en las distintas esferas
de la actividad humana, aun en aquellas que ofrecen mayores dificultades
a causa de los egoísmos tan generalizados de los individuos,
de las naciones o de las razas.
Hay que añadir a esto que, cuando se está animado de la caridad
de Cristo, se siente uno vinculado a los demás, experimentado como propias
las necesidades, los sufrimientos y las alegrías extrañas, y
la conducta personal en cualquier sitio es firme, alegre, humanitaria, e incluso
cuidadosa del interés ajeno, «porque la caridad es paciente, es
benigna; no es envidiosa, no es jactanciosa, no se hincha; no es descortés,
no es interesada; no se irrita, no piensa mal; no se alegra de la injusticia,
se complace en la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo
lo tolera» (1Cor 13, 4-7)