Perenne eficacia
de la doctrina social de la Iglesia
218. La Iglesia católica enseña
y proclama una doctrina de la sociedad y de la convivencia
humana que posee
indudablemente una perenne eficacia.
219. El principio capital, sin duda alguna, de esta doctrina
afirma que el hombre en necesariamente fundamento, causa y fin
de todas las instituciones sociales; el hombre, repetimos, en
cuanto es sociable por naturaleza y ha sido elevado a un orden
sobrenatural.
220. De este trascendental principio, que afirma
y defiende la sagrada dignidad de la persona, la santa Iglesia,
con la colaboración
de sacerdotes y seglares competentes, ha deducido, principalmente
en el último siglo, una luminosa doctrina social para
ordenar las mutuas relaciones humanas de acuerdo con los criterios
generales, que responden tanto a las exigencias de la naturaleza
y a las distintas condiciones de la convivencia humana como el
carácter específico de la época actual,
criterios que precisamente por esto pueden ser aceptados por
todos.
221. Sin embargo, hoy más que nunca, es necesario que
esta doctrina social sea no solamente conocida y estudiada, sino
además llevada a la práctica en la forma y en la
medida que las circunstancias de tiempo y de lugar permitan o
reclamen. Misión ciertamente ardua, pero excelsa, a cuyo
cumplimiento exhortamos no sólo a nuestros hermanos e
hijos de todo el mundo, sino también a todos los hombres
sensatos.