Reconocimiento
y respeto de la jerarquía de los valores
245. Por este motivo, nuestra preocupación
de Pastor universal de todas las almas nos obliga a exhortar
insistentemente a nuestros
hijos para que en el ejercicio de sus actividades y en el logro
de sus fines no permitan que se paralice en ellos el sentido de
la responsabilidad u olviden el orden de los bienes supremos.
246. Es bien sabido que la Iglesia ha enseñado siempre,
y sigue enseñando, que los progresos científicos
y técnicos y el consiguiente bienestar material que de ellos
se sigue son bienes reales y deben considerase como prueba evidente
del progreso de la civilización humana.
Pero la Iglesia enseña igualmente que hay que valorar ese progreso de
acuerdo con su genuina naturaleza, esto es, como bienes instrumentales puestos
al servicio del hombre, para que éste alcance con mayor facilidad su
fin supremo, el cual no es otro que facilitar su perfeccionamiento personal,
así en el orden natural como en el sobrenatural.
247. Deseamos, por ello, ardientemente que
resuene como perenne advertencia en los oídos de nuestros hijos el aviso del
divino Maestro: «¿Qué aprovecha al hombre ganar
todo el mundo si pierde su alma? ¿O qué podrá dar
el hombre a cambio de su alma?» (Mt 16,26).