Relaciones
entre los distintos sectores de la economía
La agricultura, sector deprimido
123. Comenzaremos
exponiendo algunos puntos sobre la agricultura. Advertimos, ante
todo, que la población rural, en cifras
absolutas, no parece haber disminuido. Sin embargo, indudablemente
son muchos los campesinos que abandonan el campo para dirigirse
a poblaciones mayores e incluso centros urbanos. Este éxodo
rural, por verificarse en casi todos los países y adquirir
a veces proporciones multitudinarias, crea problemas de difícil
solución por lo que toca a nivel de vida digno de los ciudadanos.
124. A la vista
de todos está el hecho de que, a medida
que progresa la economía, disminuye la mano de obra dedicada
a la agricultura, mientras crece el porcentaje de la consagrada
a la industria y al sector de los servicios. Juzgamos, sin embargo,
que el éxodo de la población agrícola hacia
otros sectores de la producción se debe frecuentemente a
motivos derivados del propio desarrollo económico. Pero
en el inmensa mayoría de los casos responde a una serie
de estímulos, entre los que han de contarse como principales
el ansia de huir de un ambiente estrecho sin perspectivas de vida
más cómoda; el prurito de novedades y aventuras de
que tan poseída está nuestra época; el afán
por un rápido enriquecimiento; la ilusión de vivir
con mayor libertad, gozando de los medios y facilidades que brindan
las poblaciones más populosas y los centros urbanos. Pero
también es indudable que el éxodo del campo se debe
al hecho de que el sector agrícola es, en casi todas partes,
un sector deprimido, tanto por lo que toca al índice de
productividad del trabajo como por lo que respecta al nivel de
vida de las poblaciones rurales.
125. Por ello,
ante un problema de tanta importancia que afecta a casi todos
los países, es necesario investigar, primeramente,
los procedimientos más idóneos para reducir las enormes
diferencias que en materia de productividad se registran entre
el sector agrícola y los sectores de la industrial y de
los servicios; hay que buscar, en segundo término, los medios
más adecuados para que el nivel de vida de la población
agrícola se distancie lo menos posible del nivel de vida
de los ciudadanos que obtienen sus ingresos trabajando en los otros
sectores aludidos; hay que realizar, por último, los esfuerzos
indispensables para que los agricultores no padezcan un complejo
de inferioridad frente a los demás grupos sociales, antes,
pro el contrario, vivan persuadidos de que también dentro
del ambiente rural pueden no solamente consolidar y perfeccionar
su propia personalidad mediante el trabajo del campo, sino además
mirar tranquilamente el provenir.
126. Nos parece,
por lo mismo, muy oportuno indicar en esta materia algunas normas
de valor
permanente, a
condición de que se
apliquen, como es obvio, en consonancia con lo que las circunstancias
concretas de tiempo y de lugar permitan, aconsejen o absolutamente
exijan.
Desarrollo
adecuado de los servicios públicos más
fundamentales
127 En primer
lugar, es necesario que todos, y de modo especial las autoridades
públicas, procuren con eficacia que en el
campo adquieran el conveniente grado de desarrollo los servicios
públicos más fundamentales, como, por ejemplo, caminos,
transportes, comunicaciones, agua potable, vivienda, asistencia
médica y farmacéutica, enseñanza elemental
y enseñanza técnica y profesional, condiciones idóneas
para la vida religiosa y para un sano esparcimiento y, finalmente,
todo el conjunto de productos que permitan al hogar del agricultor
estar acondicionado y funcionar de acuerdo con los progresos de
la época moderna.
Cuando en los medios agrícolas faltan estos servicios, necesarios hoy
para alcanzar un nivel de vida digno, el desarrollo económico y el progreso
social vienen a ser en aquéllos o totalmente nulos o excesivamente lentos,
lo que origina como consecuencia la imposibilidad de frenar el éxodo
rural y la dificultad de controlar numéricamente la población
que huye del campo.
Desarrollo
gradual y armónico de todo el sistema económico
128 Es indispensable,
en segundo lugar, que el desarrollo económico
de los Estados se verifique de manera gradual, observando la debida
proporción entre los diversos sectores productivos. Hay
que procurar así con especial insistencia que, en la medida
permitida o exigida por el conjunto de la economía, tengan
aplicación también en la agricultura los adelantos
más recientes en lo que atañe a las técnicas
de producción, la variedad de los cultivos y la estructura
de la empresa agrícola, aplicación que ha de efectuarse
manteniendo en lo posible la proporción adecuada con los
sectores de la industria y de los servicios.
129 La agricultura,
en consecuencia, no sólo consumirá una
mayor cantidad de productos de la industria, sino que exigirá una
más cualificada prestación de servicios generales.
En justa reciprocidad, la agricultura ofrecerá a la industria,
a los servicios y a toda la nación una serie de productos
que en cantidad y calidad responderán mejor a las exigencias
del consumo, contribuyendo así a la estabilidad del poder
adquisitivo de la moneda, la cual es uno de los elementos más
valiosos para lograr un desarrollo ordenado de todo el conjunto
de la economía.
130 Con estas
medidas se obtendrá, entre otras, las siguientes
ventajas: la primera, la de controlar con mayor facilidad, tanto
en la zona de salida como en la de llegada, el movimiento de las
fuerzas laborales que abandonan el campo a consecuencia de la progresiva
modernización de la agricultura; la segunda, la de proporcionarles
una formación profesional adecuada para su provechosa incorporación
a otros sectores productivos, y la tercera, la de brindarles ayuda
económica y asistencia espiritual para su mejor integración
en los nuevos grupos sociales.
Necesidad de una adecuada política económica agraria
131. Ahora bien, para conseguir un desarrollo proporcionado entre los distintos
sectores de la economía es también absolutamente imprescindible
una cuidadosa política económica en materia agrícola
por parte de las autoridades públicas, política económica
que ha de atender a los siguientes capítulos: Imposición fiscal,
crédito, seguros sociales, precios, promoción de industrias
complementarias y, por último, el perfeccionamiento de la estructura
de la empresa agrícola.
1.° Imposición
fiscal
132. Por los
que se refiere a los impuestos, la exigencia fundamental de todo
sistema tributario
justo y equitativo
es que las cargas
se adapten a la capacidad económica de los ciudadanos.
133. Ahora
bien, en la regulación de los tributos de los
agricultores, el bien común exige que las autoridades tengan
muy presente el hecho de que los ingresos económicos del
sector agrícola se realizan con mayor lentitud y mayores
riesgos, y , por tanto, es más difícil obtener los
capitales indispensables para el aumento de estos ingresos.
2.° Capitales a conveniente interés
134. De lo
dicho se deriva una consecuencia: la de que los propietarios
del capital prefieren
colocarlo en
otros negocios antes que en
la agricultura. Por esta razón., los agricultores no pueden
pagar intereses elevados. Más aún, ni siquiera pueden
pagar, por lo regular, los intereses normales del mercado para
procurarse los capitales que necesitan el desarrollo y funcionamiento
normal de sus empresas. Se precisa, por tanto, por razones de bien
común, establecer una particular política, crediticia
para la agricultura y crear además instituciones de crédito
que aseguren a los agricultores los capitales a un tipo de interés
asequible.
3.° Seguros
sociales y seguridad social
135. Es necesario
también que en la agricultura se implanten
dos sistemas de seguros: el primero, relativo a los productos agrícolas,
y el segundo, referente a los propios agricultores y a sus respectivas
familias. Porque, como es sabido, la renta per capita del sector
agrícola es generalmente inferior a la renta per capita
de los sectores de la industria y de los servicios, y, por esto,
no parece ajustado plenamente a las normas de la justicia social
y de la equidad implantar sistemas de seguros sociales o de seguridad
social en los que el trato dado a los agricultores sea substancialmente
inferior al que se garantiza a los trabajadores de la industria
y de los servicios. Las garantías aseguradoras que la política
social establece en general, no deben presentar diferencias notables
entre sí, sea el que sea el sector económico donde
el ciudadano trabaja o de cuyos ingresos vive.
136. Por otra
parte, como los sistemas de los seguros sociales y de seguridad
social, pueden contribuir
eficazmente a una justa
y equitativa redistribución de la renta total de la comunidad
política, deben, por ello mismo, considerarse como vía
adecuada para reducir las diferencias entre las distintas categorías
de los ciudadanos.
4.° Tutela
de los precios
137. Dada la
peculiar naturaleza de los productos agrícolas,
resulta indispensable garantizar la seguridad de sus precios, utilizando
para ello los múltiples recursos que tienen hoy a su alcance
los economistas. En este punto, aunque es sumamente eficaz que
los propios interesados ejerzan esta tutela, imponiéndose
a sí mismos las normas oportunas,no debe, sin embargo, faltar
la acción moderadora de los poderes públicos.
138. No ha
de olvidarse tampoco que el precio de los productos agrícolas constituye generalmente una retribución
del trabajo, más bien que una remuneración del capital
empleado.
139. Por esto
observa con razón nuestro predecesor de feliz
memoria Pío XI, en la encíclica Quadragesimo anno,
que a la realización del bien de la comunidad «contribuye
en gran manera la justa proporción entre los salarios»;
pero añade a renglón seguido: »Con ello se
relaciona a su vez estrechamente la justa proporción de
los precios de venta de los productos obtenidos por los distintos
sectores de la economía, cuales son la agricultura, la industria
y otros semejantes».
140. Y como
los productos del campo están ordenados principalmente
a satisfacer las necesidades humanas más fundamentales,
es necesario que sus precios se determinen de tal forma que se
hagan asequibles a la totalidad de los consumidores. De lo cual,
sin embargo, se deduce evidentemente que sería sin duda
injusto forzar a toda una categoría de ciudadanos, la de
los agricultores, aun estado permanente de inferioridad económica
y social, privándoles de un poder de compra imprescindible
para mantener un decoroso nivel de vida, lo cual evidentemente
está en abierta contradicción con el bien común.
5.° Completar los ingresos de la familia agrícola
141. Es oportuno
también promover, en las zonas campesinas,
las industrias y los servicios relacionados con la conservación,
transformación y transporte de los productos agrícolas.
A lo cual hay que añadir necesariamente en dichas zonas
la creación de actividades relacionadas con otros sectores
de la economía y de las profesiones. Con la implantación
de estas medidas se da a la familia agrícola la posibilidad
de completar sus ingresos en los mismos ambientes en que vive y
trabaja.
6.° Reforma de la empresa agrícola
142. Por último, nadie puede establecer en términos
genéricos las líneas fundamentales a que debe ajustarse
la empresa agrícola, dada la extremada variedad que en este
sector de la economía presentan las distintas zonas agrarias
de una misma nación y, sobre todo, los diversos países
del mundo. Esto no obstante, quienes tienen una concepción
natural y, sobre todo, cristiana de la dignidad del hombre y de
la familia, consideran a la empresa agrícola, y principalmente
a la familiar, como una comunidad de personas en la cual las relaciones
internas de los diferentes miembros y la estructura funcional de
la misma han de ajustarse a los criterios de la justicia y al espíritu
cristiano, y procuran, por todos los medios, que esta concepción
de la empresa agrícola llegue a ser pronto una realidad,
según las circunstancias concretas de lugar y de tiempo.
143. La firmeza
y la estabilidad de la empresa familiar dependen, sin embargo,
de que puedan obtenerse
de ella
ingresos suficientes
para mantener un decoroso nivel de vida en la respectiva familiar.
Para lo cual es de todo punto preciso que los agricultores estén
perfectamente instruidos en cuanto concierne a sus trabajos, puedan
conocer los nuevos inventos y se hallen asistidos técnicamente
en el ejercicio de su profesión. Es indispensable, además,
que los hombres del campo establezcan una extensa red de empresas
cooperativas, constituyan asociaciones profesionales e intervengan
con eficacia en la vida pública, tanto en los organismos
de naturaleza administrativa como en las actividades de carácter
político..
Los agricultores deben ser los protagonistas de su elevación económica
y social
144. Estamos persuadidos, sin embargo, de que los autores principales del desarrollo
económico, de la elevación cultural y del progreso social del
campo deben ser los mismo interesados, es decir, los propios agricultores.
Estos deben poseer una conciencia clara y profunda de la nobleza de su profesión.
Trabajan, en efecto, en el templo majestuoso de la Creación, y realizan
su labor, generalmente, entre árboles y animales, cuya vida, inagotable
en su capacidad expresiva e inflexible en sus leyes, es rica en recuerdos
del Dios creador y providente. Además, la agricultura no sólo
produce la rica gama de alimentos con que se nutre la familia humana, sino
proporciona también un número cada vez mayor de materias primas
a la industria.
145. Más aún, el trabajo del campo está dotado
de una específica dignidad, ya que utiliza y pone a su servicio
una serie de productos elaborados por la mecánica, la química
y la biología, productos que han de ponerse al día,
sin interrupción alguna, de acuerdo con las necesidades
de la época, dada la repercusión que en la agricultura
alcanzan los progresos científicos y técnicos.
Y no es esto todo. Es un trabajo que se caracteriza también por una
intrínseca nobleza, ya que exige del agricultor conocimiento certero
del curso del tiempo, capacidad de fácil adaptación al mismo,
paciente espera del futuro, sentido de la responsabilidad y espíritu
perseverante y emprendedor.
Solidaridad
y colaboración
146. Hay que
advertir también que en el sector agrícola,
como en los demás sectores de la producción, es muy
conveniente que los agricultores se asocien, sobre todo si se trata
de empresas agrícolas de carácter familiar. Los cultivadores
del campo deben sentirse solidarios los unos de los otros y colaborar
todos a una en la creación de empresas cooperativas y asociaciones
profesionales, de todo punto necesarias, porque facilitan al agricultor
las ventajas de los progresos científicos y técnicos
y contribuyen de modo decisivo a la defensa de los precios de los
productos del campo.
Con la adopción de estas medidas, los agricultores quedarán situados
en un plano de igualdad respecto a las categorías económicas
profesionales, generalmente organizadas, de los otros sectores productivos,
y podrán hacer sentir todo el peso de su importancia económica
en la vida política y en la gestión administrativa. Porque, como
con razón se ha dicho, en nuestra época las voces aisladas son
como voces dadas al viento.
Subordinación a las exigencias del bien común
147. Con todo,
los trabajadores agrícolas, de la misma
manera que los de los restantes sectores de la producción,
al hacer sentir todo el peso de su importancia económica
deben proceder necesariamente sin quebranto alguno del orden moral
y del derecho establecido, procurando armonizar sus derechos y
sus intereses con los derechos y los intereses de las demás
categorías económicas profesionales, y subordinar
los unos y los otros a las exigencias del bien común.
Más aún, los agricultores que viven consagrados a elevar la riqueza
del campo, pueden pedir con todo derecho que los gobernantes ayuden y completen
sus esfuerzos, con tal que ellos, por su parte, se muestren sensibles a las
exigencias del bien común y contribuyan a su realización efectiva.
148. Por esta
razón, nos es grato expresar nuestra complacencia
a aquellos hijos nuestros que, en diversas partes del mundo, se
esfuerzan por crear y consolidar empresas cooperativas y asociaciones
profesionales para que todos los que cultivan la tierra, al igual
que los demás ciudadanos, disfruten del debido nivel de
vida económico y de una justa dignidad social.
Nobleza del trabajo agrícola
149. En el
trabajo del campo encuentra el hombre todo cuanto contribuye
al perfeccionamiento decoroso
de
su propia dignidad. Por eso, el
agricultor debe concebir su trabajo como un mandato de Dios y una
misión excelsa. Es preciso, además, que consagre
esta tarea a Dios providente, que dirige la historia hacia la salvación
eterna del hombre. Finalmente, ha de tomar sobre sí la tarea
de contribuir con su personal esfuerzo a la elevación de
sí mismo y de los demás, como una aportación
a la civilización humana.