Santificación
de las fiestas
248. Semejante
a las advertencias anteriores es la que hace la Iglesia con
relación al descanso obligatorio de los
días festivos.
249. para
defender la dignidad del hombre como ser creado por Dios y
dotado de un alma hecha
a imagen divina,
la Iglesia católica
ha urgido siempre la fiel observancia del tercer mandamiento
del Decálogo: «Acuérdate del día del
sábado para santificarlo» (Ex 20, 8).
Es un derecho y un poder de Dios exigir del hombre que dedique al culto divino
un día a la semana, para que así su espíritu liberado
de las ocupaciones de la vida diaria, pueda elevarse a los bienes celestiales
y examinar en la secreta intimidad de su conciencia en qué situación
se hallan sus relaciones personales, obligatorias y inviolables, con Dios.
250. Mas
constituye también un derecho y una necesidad
para el hombre hacer una pausa en el duro trabajo cotidiano,
no ya sólo para proporcionar reposo a su fatigado cuerpo
y honesta distracción a sus sentidos, sino también
para mirar por la unidad de su familia, la cual reclama de todos
sus miembros contacto frecuente y serena convivencia.
251. La religión, la moral y la higiene exigen, pues,
conjuntamente el descanso periódico. La Iglesia católica,
por su parte, desde hace ya muchos siglos, ha ordenado que los
fieles observen el descanso dominical y asistan al santo sacrificio
de la misa, que es el mismo tiempo memorial y aplicación
a las almas de la obra redentora de Cristo.
252. Sin
embargo, con vivo dolor de nuestro espíritu
observamos un hecho que debemos condenar. Son muchos los que,
tal vez sin propósito de conculcar esta santa ley, incumplen
con frecuencia la santificación de los días festivos,
lo cual necesariamente origina graves daños, así a
la salud espiritual como al vigor corporal de nuestros queridos
trabajadores.
253. En nombre de Dios, y teniendo a la vista el bienestar espiritual
y material de la humanidad, Nos hacemos un llamamiento a todos,
autoridades, empresarios y trabajadores, para que se esmeren
en la observancia de este precepto de Dios y de la Iglesia y
recuerden la grave responsabilidad que en esta materia contraen
ante Dios y ante la sociedad.