La
socialización
Definición,
naturaleza y causas
59. Una de las notas más características de nuestra época
es el incremento de las relaciones sociales, o se la progresiva multiplicación
de las relaciones de convivencia, con la formación consiguiente de muchas
formas de vida y de actividad asociada, que han sido recogidas, la mayoría
de las veces, por el derecho público o por el derecho privado.
Entre los numerosos factores que han contribuido actualmente a la existencia
de este hecho deben enumerarse el progreso científico y técnico,
el aumento de la productividad económica y el auge del nivel de vida
del ciudadano.
60. Este
progreso de la vida social es indicio y causa, al mismo tiempo,
de la creciente intervención de los poderes públicos,
aun en materias que, por pertenecer a la esfera más íntima
de la persona humana, son de indudable importancia y no carecen
de peligros.
Tales son, por ejemplo, el cuidado de la salud, la instrucción, y educación
de las nuevas generaciones, la orientación profesional, los métodos
para la reeducación y readaptación de los sujetos inhabilitados
física o mentalmente.
Pero es también fruto y expresión de una tendencia natural, casi
incoercible, de los hombres, que los lleva a asociarse espontáneamente
para la consecución de los objetivos que cada cual se propone y superan
la capacidad y los medios de que puede disponer el individuo aislado.
Esta tendencia ha suscitado por doquiera, sobre todo en los últimos
años, una serie numerosa de grupos, de asociaciones y de instituciones
para fines económicos, sociales, culturales, recreativos, deportivos,
profesionales y políticos, tanto dentro de cada una de las naciones
como en el plano mundial.
Valoración
61. Es indudable que este progreso de las realciones sociales acarrea numerosas
ventajas y beneficios. En efecto, permite que se satisfagan mejor muchos
derechos de la persona humana, sobre todo los llamados económico-sociales,
los cuales atienden fundamentalmente a las exigencias de la vida humana:
el cuidado de la salud, una instrucción básica más profunda
y extensa, una formación profesional más completa, la vivienda,
el trabajo, el descanso conveniente y una honesta recreación.
Además, gracias a los incesantes avances de los modernos medios de comunicación —prensa,
cine, radio, televisión—, el hombre de hoy puede en todas partes,
a pesar de las distancias, estar casi presente en cualquier acontecimiento.
62. Pero,
simultáneamente con la multiplicación
y el desarrollo casi diario de estas nuevas formas de asociación,
sucede que, en muchos sectores de la actividad humana, se detallan
cada vez más la regulación y la definición
jurídicas de las diversas relaciones sociales.
Consiguientemente, queda reducido el radio de acción de la libertad
individual. Se utilizan, en efecto, técnicas, se siguen métodos
y se crean situaciones que hacen extremadamente difícil pensar por sí mismo,
con independencia de los influjos externos, obrar por iniciativa propia, asumir
convenientemente las responsabilidades personales y afirmar y consolidar con
plenitud la riqueza espiritual humana.
¿ Habrá que deducir de esto que el continuo aumento de las realciones
sociales hará necesariamente de los hombres meros autómatas sin
libertad propia? He aquí una pregunta a la que hay que dar respuesta negativa.
63. El actual
incremento de la vida social no es, en realidad, producto de
un impulso ciego de la naturaleza,
sino, como ya
hemos dicho, obra del hombre, se libre, dinámico y naturalmente
responsable de su acción, que está obligado, sin
embargo, a reconocer y respetar las leyes del progreso de la
civilización y del desarrollo económico, y no puede
eludir del todo la presión del ambiente.
64. Por lo
cual, el progreso de las relaciones sociales puede y, por lo
mismo, debe verificarse de forma que
proporcione a
los ciudadanos el mayor número de ventajas y evite, o
a lo menos aminore, los inconvenientes.
65. Para
dar cima a esta tarea con mayor facilidad, se requiere, sin
embargo, que los gobernantes profesen un sano
concepto del
bien común. Este concepto abarca todo un conjunto de condiciones
sociales que permitan a los ciudadanos el desarrollo expedito
y pleno de su propia perfección.
Juzgamos además necesario que los organismos o cuerpos y las múltiples
asociaciones privadas, que integran principalmente este incremento de las relaciones
sociales, sean en realidad autónomos y tiendan a sus fines específicos
con relaciones de leal colaboración mutua y de subordinación
a las exigencias del bien común.
Es igualmente necesario que dichos organismos tengan la forma externa y la
sustancia interna de auténticas comunidades, lo cual sólo podrá lograrse
cuando sus respectivos miembros sean considerados en ellos como personas
y llamados a participar activamente en las tareas comunes.
66. En el
progreso creciente que las relaciones sociales presentan en
nuestros días, el recto orden del Estado se conseguirá con
tanta mayor facilidad cuanto mayor sea el equilibrio que se observe
entre estos dos elementos: de una parte, el poder de que están
dotados así los ciudadanos como los grupos privados para
regirse con autonomía, salvando la colaboración
mutua de todos en las obras; y de otra parte, la acción
del Estado que coordine y fomente a tiempo la iniciativa privada.
67. Si las
relaciones sociales se mueven en el ámbito
del orden moral y de acuerdo con los criterios señalados,
no implicarán, por su propia naturaleza, peligros graves
o excesivas cargas sobre los ciudadanos: todo lo contrario, contribuirán
no sólo a fomentar en éstos la afirmación
y el desarrollo de la personalidad humana, sino también
a realizar satisfactoriamente aquella deseable trabazón
de la convivencia entre los hombres, que, como advierte nuestro
predecesor Pío XI, de grata memoria, en la encíclica
Quadragesimo anno, es absolutamente necesaria para satisfacer
los derechos y las obligaciones de la vida social.