En
1937 y alentada por Juan Bosch, comenzó a escribir cuentos
que fueron publicados en diferentes diarios, especialmente en
la Información, de Santiago. Publicó dos volúmenes
de cuentos: 4 Cuentos (1953) No. 3 de la Colección La Isla
Necesaria y El Ojo de Dios, Cuentos de la Clandestinidad (1962)
Colección Baluarte, Ediciones Brigadas Dominicanas, y uno
de ensayo: Doña Endrina de Calatayud (1952). Además,
La Tierra esta Bramando (1986), novela corta. Tiene inéditas:
“Pueblo Chiquito” (Ficción y realidad), “La
Carnada” (cuentos de relatos de ayer) y “De aquí
y de Allá”, apuntes. Entre dos Silencios (1987),
y Facetas de la Vida (1993) hecha por la autora del material que
atesora sin ser recogido en libro, salvo, La Ventana, que apareció
en 4 Cuentos. En el 1993 se publicó el libro Hilma Contreras:
Una Vida en Imágenes, bajo la coordinación editorial
de Ylonka Nacidit-Perdomo. Estos textos no se parecen a nada de
lo producido hasta ahora en nuestra literatura.
Hilma
Contreras es, realmente, una maestra del relato breve y una artífice
del cuento psicológico. Imposible de encasillar en “ismos”
o tendencias, su escritura es clara, tersa, su lenguaje moderno
y sin embargo, sus cuentos hacen pensar y cautivan, no solo por
la plasticidad lírica sin excesos, sino por su dominio
de la técnica narrativa que va, desde la tensión
dramática y el detalle trágico, hasta la sorpresa
final que desconcierta o remansa lo narrado. Por su conocimiento
del suspenso y su experiencia humana de la soledad, - en el libro
Entre dos silencios – se pone de manifiesto la auténtica
revelación de nuestra premier cuentista.
Jamás hay mas de dos o tres personajes en conflicto, como
manda la buena tradición del género, y a pesar de
sus vividuras y vivencias en Europa (reflejadas en costumbres
como la del portero), la mayoría están ambientados
aquí y en algunos casos (Ahora Seremos Felices) en la aldea,
con sabrosos criollismos. Es, ante todo, una escritura urbana,
no-solo por la limpieza de su léxico y el gran pudor con
que trata escabrosos temas sexuales y describe intimidades, sino
por la altura de su bien decir y por la economía de medios
expresivos y, como dije, por la gran modernidad conseguida a través
de su maestría narrativa.
Sueños que son auténticos delirios oníricos,
frustraciones humanas, locuras, humillaciones, hermosos perdones,
poemas de la soledad, pecados absurdos, de esos materiales están
hechos estos cuentos de fuego y muerte, de abandono y tristeza,
que, sin embargo, descansan en una simpatía por el ser
humano y una visión del porque somos tan frágiles
y de cómo la vida esta llena de pequeños olvidos
y recuerdos.
Hilda Contreras, al encantarnos y cautivarnos en el libro Entre
Dos Silencios, que yo hubiera titulado “Entre los Sueños”,
nos deja, al final de su lectura, como quedamos muchas veces luego
de una pesadilla: maravillados y consternados al saber que tanto
lo onírico como lo real pertenecen al mismo territorio
de nieblas: la existencia humana.