Tomado
de: Periodico
Hoy Digital, 19 de Marzo del 2006
La
primera acción legal sobre la biblioteca pública
en nuestro país data del siglo XIX. En 1860 fue fundada
la Biblioteca Pública de Santo Domingo, instalada
en el Palacio de Gobierno hasta su disolución en
1876, sus recursos fueron trasladados al Seminario Santo
Tomás de Aquino.
Durante
esa misma época, nacen en Santiago de los Caballeros
la Biblioteca Ateneo Amantes de la Luz 1874 y la Alianza
Cibaeña:1888; y en San Pedro de Macorís El
Ateneo.
En
1884, el Congreso Nacional establece un depósito para conservar las ediciones producidas
por el Estado, Esta es la primera referencia que se conoce
en el país sobre depósito legal.
A principios
del siglo XX (1908) se crea la Biblioteca Pública de la Sociedad “El Esfuerzo”
y la de la Universidad Autónoma de Santo Domingo,
cuya función era servir como depósito del
patrimonio cultural y bibliográfico de la nación.
Además, se establecieron bibliotecas públicas
en Moca, Baní y Puerto Plata. En 1927 se funda en
Santo Domingo el Museo y Biblioteca Nacional, y en 1935
se crea el Archivo General de la Nación.
Durante
el gobierno del doctor Joaquín
Balaguer, 1971, se inaugura el edificio de la Biblioteca
Nacional, hoy Biblioteca Pedro Henríquez Ureña,
la cual hace la función de depósito legal.
En 1989 se inaugura la Biblioteca Pública República
Dominicana.
Entre
1982-1983 por iniciativa del entonces alcalde de la ciudad
de Santo Domingo doctor José
Francisco Peña Gómez se funda la Oficina de
Bibliotecas Públicas en el ayuntamiento de la capital,
y se establecieron alrededor de 15 bibliotecas públicas
en los barrios.
Referente
a las bibliotecas universitarias, la más antigua es la de la Universidad Autónoma
de Santo Domingo, Desde 1948 hasta 1971 fungió como
Biblioteca Nacional. La primera biblioteca universitaria
privada nace en Santiago de los Caballeros con la fundación,
en 1962, de la Universidad Católica Madre y Maestra,
hoy Pontificia.
Décadas
de los 60 y los 70
En
las décadas de los 60 y los 70
surgen otras bibliotecas universitarias, como son: la biblioteca
de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña
(UNPHU), biblioteca de la Universidad APEC, biblioteca del
Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC),
biblioteca de la Universidad Central del Este (UCE), y
en 1982 la biblioteca
de la Universidad Iberoamericana (UNIBE).
Las
bibliotecas universitarias señaladas,
tanto en materia de organización como de servicios,
han sido el marco de referencia para el surgimiento de nuevas
bibliotecas académicas, y ante la escasez de bibliotecas
públicas han extendido sus servicios hacia la sociedad.
En
1995 la Secretaría de Estado de
Educación con financiamiento del Banco Interamericano
de Desarrollo (BID) implementó el proyecto para el
desarrollo del Sistema de Bibliotecas Escolares de la República
Dominicana, con el objetivo de fortalecer los programas
de Educación Básica. De este proyecto se beneficiaron
las bibliotecas de las escuelas normales del país
y alrededor de veintiséis bibliotecas públicas
escolares en cada provincia cabecera.
En
1998 la Secretaría de Cultura
inauguró un programa especial llamado “Sistema
de Bibliotecas Móviles”. Este proyecto tiene
como objetivo fomentar la lectura en los sectores más
desposeídos. Sin embargo se mantiene estático.
La Dirección General del Libro trabaja en el proyecto
de Ley del Libro y la lectura.
En
la presente gestión del Presidente
Leonel Fernández, son notables los esfuerzos por
dotar a la nación de Unidades de Información
que respondan a los tiempos. El Presidente, con la clara
visión de académico, investigador y amante
de la buena lectura, y como usuario comprometido con el
desarrollo de las bibliotecas, está consciente de
que la información adquiere valor cuando se organiza,
analiza y difunde para convertirse en conocimiento al servicio
de la sociedad. Una muestra clara de su alta valoración
de la información es el “Centro de Documentación
y Gestión del Conocimiento” de la Fundación
Global Democracia y Desarrollo, dotado de una infraestructura
confortable, mobiliarios y equipos de calidad y valiosas
colecciones en diferentes soportes.
El
Presidente es propiciador de espacios para la actualización de los profesionales de la
bibliotecología dominicana, lo evidencia el hecho
de que por su iniciativa el país será sede
de la 51 Conferencia Anual del Seminario de Adquisiciones
de Materiales Latinoamericanos para Bibliotecas (SALALM)
con el tema : “Cruzando Fronteras, Migraciones Latinoamericanas:
Colecciones y Servicios de y para nuevos Usuarios de Bibliotecas”
a celebrarse del 19 al 23 de marzo del presente año,
con el auspicio de la Fundación Global Democracia
y Desarrollo y el coauspicio de la Pontificia Universidad
Católica Madre y Maestra
La
misión primordial de SALALM
La
misión primordial de SALALM es
facilitar el acceso a todo tipo de material de América
Latina y el desarrollo de colecciones Latinoamericanas,
con la finalidad de apoyar la investigación académica.
Los
orígenes de esta importante organización
datan del año 1956, cuando unos 30 bibliotecarios
y académicos y un distribuidor de libros se reunieron
en Florida para investigar la problemática de selección,
adquisición y catalogación de materiales bibliográficos
publicados en América Latina y el Caribe. A partir
de esas experiencias resultó la celebración
de un congreso anual que se desarrolla en diferentes países
por invitación de una Institución u Organismo.
SALALM es un foro exclusivo, a nivel nacional e internacional
para bibliotecarios interesados en el desarrollo de colecciones
Latinoamericanas y servicios.
Otro
proyecto digno de reconocimiento y que llega para fortalecer
y desarrollar el Sistema de Bibliotecas
Universitarias Dominicanas, es la nueva Biblioteca de la
Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) Don
Pedro Mir, con sus extensiones en Santiago y Puerto Plata,
con infraestructuras que responden a los estándares
internacionales, dotadas de modernas tecnologías
y confortables mobiliarios, con uno de los software más
poderoso que ofrece el mercado internacional, el Endeavor
Information Systems.
El
Archivo General de la Nación,
elogiado por la labor de rescate y restauración de
la memoria histórica de nuestro país que allí
se está realizando, con el fin de regular todo lo
relativo al acopio, indexación, clasificación
y gestión de los fondos documentales de la nación;
bajo la dirección del historiador Roberto Cassá.
Citando a la periodista Ángela Peña, quien
expresa para referirse al doctor. Cassá lo siguiente:
“profesional íntegro y ya el Archivo en la
gestión de este prestigioso historiador es otra cosa”.
La
Biblioteca Nacional, cuyo objetivo principal es ser depositaria
del patrimonio bibliográfico de
la nación y compilar la bibliografía nacional,
está desarrollando importantes proyectos. Trabaja
en la revisión y actualización de la Ley de
Bibliotecas y en el segundo Censo Nacional de Bibliotecas
de Uso Público, aspecto de gran importancia para
la creación del Sistema Nacional de Información.
Sin embargo, sus logros en materia de servicios no han sido
lo esperado por la ciudadanía.
Las
instituciones del Estado, que entiendo, han interpretado
el interés del Presidente y están
desarrollando Unidades de Información especializadas,
de acuerdo a los parámetros internacionales, lo son,
a manera de ilustración, : Centro de Documentación
y Gestión de la Información de la Corporación
de Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CENDOC-CAASD),
la Biblioteca de la Secretaría de Estado de Relaciones
Exteriores, la Unidad de Información y Documentación
del Instituto de las Américas (ITLA), Instituto Nacional
de Formación y Capacitación del Magisterio
(INAFOCAM), Biblioteca Juan Pablo Duarte del Banco Central.
El despacho de la Primera Dama, restauró la Biblioteca
Pública de Villa Duarte. Está trabajando en
otros proyectos como es : dotar a todas las provincias de
bibliotecas públicas y “Lujotecas Móviles”.
El
Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL)
está instalando lo que ha denominado “Bibliotecas
Virtuales”. A nuestro entender, son éstos centros
para consulta de Internet. La Internet, símbolo de
la sociedad de la información, con gran variedad
de contenidos disponibles para todos los gustos; esa abundancia
de información dificulta seleccionar información
de calidad y con pertinencia. Por lo tanto, para la construcción
de la biblioteca virtual, se requiere de bibliotecólogos,
quienes tienen la función de organizar y sistematizar
los conocimientos existentes en la Red, establecer filtros
para seleccionar lo importante de acuerdo a los intereses
de los usuarios, desarrollar servicios innovadores, para
contribuir, de esta forma, a crear las bases para la buena
gestión del conocimiento. Es tarea de los bibliotecólogos,
además, explorar las posibilidades y el potencial
de los recursos disponibles en Internet para que se pueda
acceder al conocimiento organizado y con coherencia.
La
American Library Association (ALA) define la biblioteca
como una combinación orgánica
de personas, colecciones y edificios, con el objetivo de
asistir a la comunidad de usuarios en el proceso de transformar
la información en conocimiento”.
La
biblioteca tiene una doble dimensión:
un ámbito de concurrencia, de relaciones, y un ámbito
de organización. La primera se refiere al hecho de
que se establecen relaciones entre personas y cosas; las
relaciones interpersonales se dan entre los que van ahí
para obtener información, que son los usuarios, y
los que están ahí, para ofrecer esa información
que son los bibliotecólogos o gestores documentales.
La
biblioteca posee una organización
que no viene dada del objeto mismo, sino que le es dada
por el profesional bibliotecólogo a cargo, ya sea
esta virtual, digital o híbrida. Es conveniente aclarar
que el trabajo de los bibliotecólogos es regulado
por la aplicación de normas internacionales estandarizadas,
manuales de procedimientos y reglamentos internos que deben
elaborarse para cada biblioteca. Asimismo, la relación
de los bibliotecólogos con los usuarios debe estar
basada en reglamentos de usuarios y de servicios, guías
de servicios e instructivos de diferentes formas, entre
otros.
Entendemos
que, es responsabilidad del Estado, como se perfilan
las iniciativas del gobierno del doctor.
Fernández, garantizar la existencia de mecanismos
e instrumentos que promuevan el flujo libre y equilibrado
de la información en el país, de modo que
ésta contribuya a mejorar la calidad de vida, a preservar
los valores culturales, científicos y tecnológicos
de la nación. Esto implica la necesidad de crear
más conciencia en los estamentos de decisión
del Estado sobre el valor político y económico
de la información y de sus implicaciones en el desarrollo
cultural, científico y tecnológico de la sociedad;
no hay en el país un política coherente que
promueva la articulación, desarrollo y el impulso
hacia la creación de un Sistema Nacional de Información.
Se
hace necesaria la creación de
un organismo rector que tenga una macrovisión del
problema, que articule todas estas iniciativas del gobierno
en materia de bibliotecas, para que trace y ejecute la política
nacional de información, que mejore la calidad de
los procesos y servicios de las bibliotecas, así
como toda dependencia pública que genere información.
Sin
ese convencimiento y si no hay una voluntad política para establecer el Sistema Nacional de Información
con clara visión del desarrollo nacional, los esfuerzos
hechos por el presente gobierno podrían desaparecer,
como ha sucedido con las iniciativas de gobiernos anteriores.
‘*Dulce
María Núñez de Taveras, directora General
del Sistema de Bibliotecas de la Pontificia Universidad
Católica Madre y Maestra.