El
arquitecto español Javier Barroso, por órdenes del
gobierno dominicano inició en 1955 la remodelación
de las ruinas del antíguo palacio de Diego Colón.
La inauguración de la obra se llevó a cabo en 1957.
El arquitecto expuso los criterios en que fundamentó su
trabajo en la obra: PALACIO DE DIEGO COLON - MEMORIA. El fragmento
que se transcribe a continuación ofrece una idea de esos
criterios.

“De
aquí, se deduce, pues, la norma que hemos seguido para
trazar los planos de la reconstrucción: por un lado respetar
todos los signos evidentes de lo que fue el Palacio; por otro,
completar lo que falta mediante el empleo de los elementos arquitectónicos
que corresponden a la época y que entran, por así
decirlo, dentro de la fisonomía de un edificio de esta
clase. En definitiva, la mayor trascendencia de los monumentos
históricos radica en que ellos son quienes a través
del tiempo hacen resucitar el pasado y desmiente a la misma muerte.
El respeto al poder de evocación ha de estar en la base
misma de cualquier tarea de reconstrucción, y más
si como en este caso nos encontramos ante un monumento que podamos
considerar único en la historia del Continente Colombina,
porque testimonia la alborada de un capítulo de la vida
de occidente que es, después de la venida de Cristo, el
más importante que recuerda la memoria humana.
En
efecto, la Casa del Almirante o Palacio de Colón, fue construido
entre los años, 1510 y 1514 y hace de La Española
de entonces, y de la República Dominicana de hoy, el pórtico
que en el tiempo y en el espacio nos conduce hacia el despertar
del Nuevo Mundo. Un despertar que tuvo sus crisis, sus sacrificios,
sus errores, sus luchas internas, pero que sin embargo deja intacta
la esencia de la gloria hispana. ¡Que profunda emoción
sentirá el visitante cuando vuelva a pisar el zaguán
donde los servidores de España y de la fe católica
dejaron oír el eco de sus comentarios! ¡Quién
podrá escapar al vivo recuerdo de aquella corte en esos
mismos salones y tras esos mismos muros escribió el primer
capítulo de la vida social y política de la actual
República Dominicana!
Es
casi seguro que dentro del Palacio murió el Adelantado
don Bartolomé Colón, y que desde él se organizaron
las expediciones que iban agrandando poco a poco el tamaño
del mundo y completando en el conocimiento humano la existencia
de un globo terráqueo infinitamente más variado
y rico de lo que habían supuesto las civilizaciones que
hasta entonces solo se miraban en sí mismas. Si detenemos
por un momento la mirada sobre las situación del mundo
actual y comprobamos el peso específico que el Nuevo Continente
hace notar en todas las grandes decisiones, para la felicidad
lo mismo que para el infortunio, comprenderemos la magnitud espiritual
y simbólica que la Casa del Almirante, que es como la primera
piedra de una vastísima construcción espiritual
donde hoy viven y rezan millones y millones de seres con ingentes
recursos económicos, científicos, culturales, y
que de un modo u otro encontrarán en el Palacio el santuario
donde cada americano, del Norte, del Centro o del Sur volverá
a los orígenes de su vida , como miembros de una raza y
de una civilización.
Por
eso ninguna utilización más conforme con el significado
simbólico que hoy tiene la Casa del Almirante que la de
Museo. Un museo donde la historia del Descubrimiento y la Colonización
pueda entrar por los ojos de los visitantes a través de
la cartografía, de las instituciones legales, de las reproducciones
arquitectónicas, de la documentación que viene a
ser en su conjunto el árbol genealógico de este
maravilloso Mundo Nuevo en el que hoy tienen puestas sus esperanzas
y su admiración el Viejo Mundo europeo. No será
preciso alterar nada de la interior distribución del Palacio,
que es clara y definida, y que además se acopla perfectamente
al designio ya esbozado de convertirlo en museo. Pero es claro
que el interior exige una decoración que reafirme el carácter
vivificador de esta labor restauradora apartando a un lado toda
tentación de funcionalismo que en edificios sin historia
es incluso plausible, pero que aquí constituiría
un atentado a la verdad. Tendrá pues el Palacio, habitaciones
y estas habitaciones contarán con muebles de la época,
y re reconstituirá una cocina que lleve al ánimo
del visitante la sensación de que el tiempo no ha pasado
y que en la Ciudad de Santo Domingo se mantiene contra la erosión
de los días y de los siglos la gran mansión en que
el hijo del Descubridor continuó la tarea de su padre y
de sus reyes. En una parte de ese interior se amueblarán
unos dormitorios, de tal modo que el museo cumple también
el papel de dar una exacta idea de lo que en su día fué.
La
mayor parte del espacio habrá de dedicarse, no obstante
a salas y pasos dotados con los muebles de su uso apropiado, necesarios
para quitar al palacio reconstruido la frialdad de los edificios
dedicados a exposiciones. Porque de lo que esencialmente se trata
es de recoger en forma viva los recuerdos de valor documental,
y domiciliarlos, por así decirlo, en la casa que les pertenece
por derecho propio. De tal modo, que hombres y cosas constituyan
una unidad histórica dentro de la Casa del Almirante. Los
mapas, los retratos, los libros, las armas han de encontrarse
en el Palacio al servicio del conjunto de la perennidad del Descubrimiento,
como si el Descubrimiento estuviese ocurriendo a cada momento,
lo que contradice la lógica pero favorece la poesía”.
Barroso,
Javier : PALACIO DE COLON - MEMORIA; Editora del Caribe, C.porA.
Santo Domingo, 1955 pp. 24-35
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